Para el amor buscado o el perdido, para el amor huído o el hallado, ten la ternura fuerte del osado, ten la dulce fiereza del caído. Para el amor invicto o el vencido, para aquel evadido o retomado, ten la ausente presencia del llegado y el silencioso grito del partido. Así has de estar tendido y encerrado —cobarde piel y sangre decidida—, del mismo modo oculto y entregado, al mismo tiempo el dardo que la herida. Y este juego de amor, tan bien jugado, te llevará las horas. Y la vida.
Julia Prilutzky Farny